Sueños eróticos: Freud y la represión social

En la vida hay unos mantras que se repiten una y otra vez. Uno de ellos puede ser cuando llega la hora de irse a la cama y ser algo similar a lo siguiente: apagar la televisión, lavarse los dientes, ponerse el pijama, apagar las luces y echarse a dormir. Esta rutina es más o menos previsible; lo que no podemos controlar es qué sueños eróticos van a aparecer en nuestra mente en cuanto caigamos rendidos en brazos de Morfeo.

Las fantasías oníricas pueden ser desde terribles pesadillas hasta simples reproducciones de lo que ha ocurrido en la jornada que ya se acaba. Ahora bien, hay consenso en que las más interesantes se corresponden con los sueños eróticos, esas sesiones de sexo irreal con una alta carga de sensualidad que incluso se puede traducir en ropa interior acartonada cuando, a la mañana siguiente, el despertador cumple con su responsabilidad diaria.

En el momento en que sale a colación el mundo de los sueños hay que acudir a una eminencia en ese campo, el filósofo alemán Sigmund Freud. El sexo, según los postulados del conocido como padre del psicoanálisis, es el principal argumento que guía a la mente humana. Al fin y al cabo, el sexo ha sido el procedimiento sobre el que la especie se ha perpetuado desde hace millones de años, así que la base es ciertamente lógica.

Con respecto al significado de los sueños eróticos, el porqué de que nuestra cabeza se llene de imágenes o referencias sexuales una vez estamos dormidos tendría un componente social. La represión tanto moral como social que existe hacia muchos ámbitos de la sexualidad se traduce en que todos estos pensamientos o conciencias internas necesiten una válvula de escape, de ahí la aparición de estas ensoñaciones.

El cerebelo es el principal órgano sexual, ya que es el responsable de gestionar estos impulsos. Las investigaciones sobre los planteamientos freudianos aseguran que es dentro de la corteza prefrontal donde se alojan los deseos más agresivos y libidinosos, y por ende, más censurados. Durante la etapa de sueño REM se activan los llamados sistemas dopaminérgicos-mesolímbicos-corticales, y es aquí donde arranca lo que en unos breves instantes se convertirá en una escena sexual imaginaria.

Estos sistemas impulsan el deseo sexual mientras que la ya mencionada corteza prefrontal se encuentra casi inactiva, así que se da rienda suelta a todas las expresiones eróticas contenidas o almacenadas. A su vez, existe una explicación a cuando a la mañana siguiente aquel que ha atravesado por un sueño erótico nocturno se sorprende porque lo ha protagonizado una persona que había desterrado de su mente.

El inconsciente se erige como un almacén de todo aquello que ha llamado nuestra atención, aunque sea levemente, y que creamos olvidado de nuestro cerebro. Aquello que en su momento nos impresionó no se ha ido así como así, sino que puede retornar de la forma más húmeda y lúbrica posible.

Las características que Sigmund Freud expresó sobre el mundo de los sueños explican que cuando estos son eróticos se asuman roles o prácticas impensables en tu día a día. La vida sexual ordinaria quizá no contemple un lío con ese vecino soltero, una sesión de BDSM en una mazmorra o un escarceo por la acera de enfrente, pero el haberlo soñado puede ser un guiño de tu propio intelecto para que te conste que, aunque te parezca extraño, en realidad te apetece hacerlo de una vez por todas.

No siempre los sueños, sueños son.

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