Stealthing, el sexo sin condón

Stealthing, el sexo sin condón solo mola cuando es consentido

Hay mil maneras de follar. ¿Mil? ¡Y más! En el sexo entran en escena los prolegómenos, el género de los intervinientes, su inclinación sexual, la cantidad de personas, las posiciones, las prácticas, los códigos, las posturas, los roles, los complementos y un largo etcétera donde el consentimiento debe ser el capítulo principal. Como la cultura sexual aún tiene un largo margen de mejora, surgen prácticas que rompen con este pilar. Es el caso del stealthing, una forma de agresión sexual que se está extendiendo internacional y peligrosamente.

El stealthing significa que, en plenos actos sexuales con preservativo, el hombre se lo quita para practicar una relación más placentera o excitante. Para él, claro, porque lo que no se tiene en cuenta es que para la otra parte se trata de una agresión sexual no consentida, una forma de violación porque se rompen los códigos establecidos: follamos, vale, pero con condón.

Las repercusiones de llevar a cabo esta práctica son tanto físicas como psicológicas. En el plano mental, la persona que lo sufre ve cómo lo que parecía un polvo natural y protegido se convierte en un problema, con todo lo que ello significa. Se genera un clima de desconfianza e inseguridad hacia futuros encuentros sexuales, y dado que el estado de ánimo es un ingrediente indispensable para el rendimiento y el disfrute sexual, este daño psicológico repercute de forma considerable.

A nivel físico las consecuencias del stealthing también son serias. Una vez se ha retirado el condón se multiplican los riesgos del encuentro, ya que se abre una vía de contagio de infecciones de transmisión sexual al no haber una barrera. Por otro lado, en el caso de relaciones heterosexuales entre un hombre y una mujer, sobrevuela también el riesgo de embarazo no deseado, ya que sin anticonceptivos no hay manera fiable de impedir un posible embarazo.

El procedimiento que siguen estos hombres no es otro que, mientras están penetrando, aprovechar un momento de despiste o de cambio de postura para quitarse el condón. Es aquí donde entra en escena el grado de confianza de la otra parte, quien no suele esperar semejante canallada por parte de un compañero sexual, circunstancia de la que se aprovechan quienes practican esta maniobra completamente indeseable e imperdonable.

Las razones que inducen a quienes hacen el stealthing a cometer estos abusos están motivadas por una supuesta excitación extra que les proporciona la sensación de lo prohibido. Asimismo, los riesgos hacia la propia salud sexual también les proporciona un extra de morbo o de apetencia. La falta de una educación sexual y de igualdad se traduce en este tipo de acciones, ya que el bienestar de la otra persona y el consenso se apartan a un segundo plano en busca de desarrollar el placer individual.

El sexo sin protección entraña riesgos en forma de infecciones de transmisión sexual y embarazos no deseados en casos heterosexuales. Hasta aquí está claro, ¿no? El stealthing debe eliminarse como mecanismo para el sexo sin condón, y es que vuelve a colación el consentimiento. Si ambas partes son conscientes de lo que significa quitarse la gomita, o apuestan por otros métodos de protección sexual sin preservativo, adelante. Hasta entonces, no olvidemos que el sexo es cosa de dos… o más.

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