Sexo tántrico: fóllate a ti misma

El sexo tántrico en una forma de concentración meditativa que conecta los sentidos físicos con los espirituales, los tuyos con los de tu pareja, en función del amor que se sienten.

  • Sí, pero ¿En qué momento se hace el amor? – Interrumpe Raúl a la terapeuta del sexo tántrico.
  • Cariño, espera a que Nuria termine la explicación. – Le pide Eri.
  • Amor, hemos estado recibiendo instrucciones por 2 días y no veo la hora en que pueda meterme en tu cama. – Raúl reclama, levantándose de la acomodada alfombra que contenía el salón.
  • ¡No seas tan indiscreto, Raúl! – Le recrimina Eri.
  • No quiero ser indiscreto, pero te he conocido el viernes pasado y solo quería follar, pero tú me traes aquí, ¿Qué es esto? – ¿Una prueba de amor? – ¿Estás haciéndote la difícil? – Raúl está de pie, vociferando a gritos su impaciencia.
  • Nada de eso. – Responde Eri, con vergüenza ajena.
  • Si no quieres follar conmigo, tan solo me lo dices y ya está. – Raúl había llegado al límite, no era un hombre que brillara de cortesía.
  • Claro que quiero follar contigo, pero vamos paso a paso. – Eri, se quedaba sin argumentos, ante la imagen de un tío que le parecía caballeroso, pensó que quizás en él encontraría el amor que buscaba.
  • No me interesa ir paso a paso, somos adultos, sabemos a lo que vamos, al menos eso he creído. ¡Que ya no estamos en el siglo pasado!

La pareja se quedó en silencio por varios segundos, Nuria los miraba apenada sin decir nada, después Raúl abandonó el salón y Eri le ha pedido disculpas a la terapeuta y salir tras él.

Nuria le dijo que todo estaba bien, que no se preocupara por ella y observó que Eri se levantaba de prisa para correr a por Raúl, le dijo:

  • ¿Perdona, Eri? – ¿Puedo decirte algo?.

Eri se detuvo en seco para prestar atención, le respondió:

  • Claro, dime.
  • No corras tras de alguien que no desea acompañar tus pasos y sí es para follar, fóllate a ti misma, querida.

La experiencia de Eri con áquel que conoció en una alocada noche de bar duró, como diría Sabina “Lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks”, tenía 35 años y muchas ganas de enamorarse y hacer su vida de pareja, pero la terapeuta tenía cierta razón, había algo que ella jamás había experimentado: follar consigo misma. Lo había hecho con los juguetes sexuales, pues tenía varios en su cajón de obscenidades, pero plantearse la masturbación con un fondo espiritual al estilo tantra, jamás lo había hecho. Así que decidió no ir tras Raúl, se ha ido para su casa y se aplica por primera vez las técnicas que había recibido en los 2 días de sexo tántrico, decidida a follarse a sí misma.

Preparó el ambiente adecuado para su momento tan especial, llenó un recipiente de agua caliente con perfumes de rosas, se arregló la cama con el cobertor de la Torre Eiffel porque soñaría amarse en París… Efectivamente la preciosa Eri se dedicó a disfrutar de sí misma, su baño de baldosas celestes refrescaban las plantas de sus pies, mientras caminaba hacia la bañera, primero un pie, luego el otro, después su cuerpo entero, se sumergió en la primera etapa.

Relajada en el agua inició su trabajo de respiración, respirar y soltar, profundamente, vez tras vez, aspiraba la dulce energía del amor; aunque sus ojos estaban cerrados podía visualizar un rayo de luz intenso de color rosa que penetraba por su cabeza, esta hermosa luz invadía su cerebro, desde la punta de cada cabello hasta la punta de sus pies, en unos minutos sus pensamientos se ahogaron en el agua y se plació en la paz de la meditación logrando calmar su espíritu.

Pasada media hora despertaba de a poco de su relajación, sentía que la energía le abrazaba entera, al abrir los ojos ha observado la manzana que había dejado junto a la toalla, era para recordarle que ahora le tocaba mimar el cuerpo.  Salió del recipiente y se secó el exceso de agua, cogió la manzana entre las manos y se la llevó a la mejilla, frotándola, sintiéndola, percibiendo su olor de fruta, enamorándose de su color rojo pasión, asociando su dulce sabor al dulce placer que empezaba a sentir.

Juntas, Eri y la manzana dejaron el baño para dirigirse a París, allí mismo, en su cama, donde colocó la manzana en el velador y ella se sentó en posición de loto, su cuerpo estaba hechizado de misticismo. Cerró los ojos y con respiraciones suaves atrajo el color rojo de la manzana para posarlo en su sexo exquisito de su sexualidad, justo allí, en el clítoris se iniciaba un remolino de sensaciones inexplicables.

Varios minutos transcurrieron hasta que la energía naciente en su clítoris empezó a circular a su alrededor, subía desde su sexo  hasta llegar a la nuca y regresar por la espalda, tocar sus glúteos y asentarse otra vez en el clítoris, volviendo a circular una y otra vez.

Eri sentía no solo el placer sexual que estaba aprendiendo a tener a solas, sino también el amor infinito que la acompañaba, los músculos de su vagina se dilataban, se expandían, se recogían, palpitaban, cada vez más fuerte, hasta que alcanzó el orgasmo. No se había movido, no había utilizado juguetes sexuales, tampoco se había tocado con las manos, pero, había alcanzado el orgasmo más intenso que haya podido sentir en la vida, aquel orgasmo y esa manera de amarse a sí misma – era evidentemente – lo que ella realmente estaba buscando, y que con seguridad le durará infinitamente más que “Dos peces de hielo en un whisky on the rocks”.

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