Quin y su diabólica mujer

Me llamo Quin, tengo 45 años, de estado civil….. ¡Quién sabe!… Bueno, si, aún estoy casado.

Resulta que hace unos años contraje matrimonio con una linda guayaquileña, cambiando la vida que me daba dignidad en mi país natal, Uruguay, decidimos venir a vivir a Ecuador, ¡Qué mala decisión… Guayaquil es caliente!

Me enamoré, como se enamora todo el mundo, ambos salíamos de un divorcio y encontrarnos fue un remanso de esperanza, del cual me agarré con uñas y dientes por el deseo de volver a ser feliz y olvidar la historia de los cuernos que me habían puesto ¡Y que yo también puse! – ¡Hay que ser franco, no he sido un santo, aunque quisiera!

Marianita, es una mujer 5 años más joven que yo, pero algo sublevada, ¡Sí!, me refiero a que su espíritu es muy inquieto, cosa que no sería problema si respetara mi forma de pensar; y para colmo, como salió toda reprimida de su antiguo matrimonio, se vino a desatar conmigo, mejor dicho,  hubiera sido bueno que se desatara solo conmigo, ¡Conmigo solo!, pero quiere compartir sus extravagantes intereses con algunos y los celos me están matando….

Contaba Quin, desde un cómodo sillón de un consultorio psiquiátrico, donde la Doctora se concentraba en cada palabra con el fín de rescatar algún punto de la mujer perdida, que pudiera servir para hacer regresar a ese hombre de su tremenda depresión.

  • ¿Cómo se desató su esposa? – ¿Qué quiere decir con eso de “extravagantes intereses con algunos”? – Preguntó la Doctora.

Bueno, sí, Doctora…. Como Usted ha de saber, actualmente el mundo está embobado con novedades que de alguna manera de contra a la religión y a las formas tradicionales con las que hemos sido criados; entonces, en mi particular caso, resulta que soy muy católico, de los que van a la Iglesia todos los domingos, de los que se confiesan, de los que hacen penitencia… etc… etc…. es decir, soy un creyente a raja tabla; y de repente, la mujer que me parecía celestial, porque Dios me la envió para alivianar el peso de mi fracaso matrimonial, entra en una especie de exorcismo que no la reconozco….

La Doctora empezó a imaginar que Mariana pudo haberse metido en alguna secta satánica o haber sido poseída por el demonio, sin embargo, permitió que su paciente siga narrándole la historia….

Doctora, diga Usted ¿Qué puedo hacer?

Mariana ha encontrado sitios web, redes, chats, a los que entra todas las noches, activa la cámara y se desnuda…..

  • ¿Y qué hace? – La Doctora se nota seriamente preocupada.

El pobre de Quin deja sonar un chasquido tras una mueca de asco y continúa:

Mejor no le digo lo que hace, me produce espanto observar que su lujuria es tan diabólica, me parece estar viendo a Lilhit, la primera mujer de Adán que se rebeló con Dios, según los satánicos.

La miro sin poder contemplarla a pesar de su belleza, a pesar de que me excita, me conmueve y me mueve todo por dentro, pero no puedo seguirle el juego: mi pudor es la única arma que tengo para protegerme de estas inmundicias.¡PERO LA AMO! Diga Usted Doctora ¿QUÉ HAGO?

La Doctora comenzó a comprender el dilema de Quin, pero no se adelantó a pensar algo más pues la historia recién iba en su comienzo. Después de un par de minutos en silencio, el hombre siguió con su versión:

Se ha enviciado con el ordenador, a veces la espío tras de la puerta, pero no puedo hacer nada, quisiera poder cogérmela ahí mismo y hacerle el amor, porque a pesar de mi pudor, este amigo mío siempre se me para….

Y peor ahora, que no he tenido sexo por 4 meses, el cuerpo está que me revienta….

  • Pero Mariana, su esposa, por lo que Usted me cuenta, es una mujer que estaría dispuesta a darle el sexo que Usted quiere, ¿Por qué ha dejado pasar 4 meses?

Interrogó la Doctora, casi sin analizar, cosa que se arrepintió pues Quin le contestó indignado:

  • ¿Cómo cree que haría eso Doctora? ¡Mariana es el demonio!- ¡Busca perderme en esos infiernos del sexo, como un animal! – ¡A Dios no le gustaría verme embebido por su vagina, simplemente por obediencia a mis instintos!

La Doctora se disculpó y supo que estaba frente a un individuo fanático y le pidió que continúe, Quin se volvió a apoyar al respaldo del sillón, suspiró y sus palabras fluyeron de nuevo….

Ella en sus intentos de cambiarme, una noche me invitó a salir, fuimos hacia un extraño bar, Doctora ¡Era el mismo antro de perdición!, habían mujeres y hombres vestidos y desvestidos, todos se tocaban con todos,  ¡Repugnante!

A pesar de que yo como marido acompañaba A MI ESPOSA, cuando entramos se acercó un hombre con una copa de vino en la mano, ¡Ni siquiera me pidió permiso! Y el muy descarado delante de mí, derramó unas gotas de ese trago que estaba tomando sobre el pecho de mi mujer, ella, como sí aquello hubiera sido una propuesta, se acomodó entre mis piernas y mirando hacia atrás para que ese desgraciado le mamara las tetas…..

¿Se da cuenta Doctora? – ¿Se da cuenta? Hasta el vocabulario se me ha vulgarizado.

  • ¿Y usted qué hizo? –  Preguntó la Doctora imaginando quizás la reacción de aquel hombre atormentando por el pudor y los celos.

Quin, se cubrió la cara de vergüenza y respondió:

No pude hacer nada, nada de nada, porque el demonio me poseyó a mí también, mientras observaba, sentí que la sangre me hervía de placeres que no había conocido nunca sobretodo en cuanto a mi mujer.

Porque ese individuo estaba fascinado con las formas de sus senos, disfrutaba de sus pezones como sí se bebiese el rocío de una flor que ha dormido tantos años a mi lado que ni yo había despertado. Mariana me sintió el miembro a sus espaldas y alentada por mi excitación decidió sentarse sobre mí para yo penetrarla, como comprenderá, Doctora, no se lo permití y sencillamente cogí mi chaqueta y me fui a mi casa. Ella volvió al otro día, como sí no pasara nada.

La Doctora se levantó por un vaso de agua fresca que también le brindó a su paciente, la elocuencia de Quin le estaba produciendo sensaciones inquietantes en el cuerpo, que tuvo que controlar como la profesional que es: se sacó el blazer, retomó su lugar y otra vez se sintió lista para escuchar al hombre.

Eso pasó hace 2 meses, Doctora, decidí dormir en el cuarto de invitados, pues yo no estaba dispuesto a perdonar que Mariana se había acostado con ese infeliz. Además, la piel me traicionaba bajo las sábanas, recordando lo que había visto esa noche, me excitaba de rememorar los ojos de mi mujer al ser estimulada por otro hombre; y yo que nunca lo había hecho, me empecé a… usted sabe… a mí mismo… mi pene.

Casi todas las madrugadas, ella, para cogerme desprevenido, en puntillas entraba a mi habitación y se metía en la cama, derecho hacia mi amigo quien se despertaba más rápido que yo e incluso una vez me ganó, no alcancé a impedir que este bandido se… se corriera en la boca de mi mujer, con iras, avergonzado e indignado porque aprovechándose de mi sueño se robó mi semen… sí… ¡Eso mismo! – ¡Mi semen!, entonces la empujé fuera y no volví a dormir sin sellarme la puerta hasta el día de hoy.

Había atendido varios casos de problemas sexuales: impotencia, eyaculación precoz, disfunción eréctil, etc… pero no era el caso de Quin pues mientras narraba su situación parecía que hasta lo disfrutaba. De hecho, sin querer, la mirada de la Doctora era atraída por un bulto sospechosamente duro bajo su cremallera….

  • Auxílieme Doctora, esta mujer me está perdiendo, poco a poco noto que traicionó mis principios y temo la ira de Dios, ¡No sé qué hacer!

La Doctora tampoco sabía qué aconsejar, ni qué decir, pero le provocó preguntar, aunque prevenida de una mala contestación:

  • ¿Usted estaría con otra mujer?

 Quin se incomodó con la pregunta, tosió, bebió un sorbo de agua y finalmente resolvió decir:

  • Probablemente SÍ…

Ambos respetaron un tiempo prudencial como para que Quin estuviese seguro de su respuesta: la Doctora al recibir por respuesta ese “probablemente SÍ” concluyó que su paciente tendría solución. De hecho, al principio había dicho que también puso los cuernos, que no era un santo….

  • Quin ¿Por qué le puso los cuernos a su ex esposa allá en Uruguay?

El hombre disimulando su alteración, respondió:

  • Porque no conocía la Palabra de Dios.

La Doctora respiró y pidiendo sabiduría al Cielo, se permitió dar su diagnóstico:

  • Quin, usted no tiene problema alguno; lo que le ocurre es que dice que conoce la Palabra de Dios, pero eso no es cierto, porque sí la conociera supiera que Dios lo que quiere para usted es que sea feliz, y si aún más tiene un matrimonio con la mujer que ama, ha de entender que entre esposos, la Biblia lo dice, está permitido todo para amarse…
  • Doctora ¿Cómo me va a decir eso? La promiscuidad sexual es un pecado.
  • Sí, claro que lo es, pero yo no estoy viendo un hombre promiscuo y por lo que me ha contado de Mariana, tampoco veo una mujer promiscua, sino una pareja que necesita re-encontrarse sexualmente, como Dios manda.
  • Es que ella quiere acostarse con todo el mundo.
  • No hay infidelidad cuando no hay engaño: acompáñela en sus fantasías y aprenda a ser fantasioso, apenas ésta es una etapa de exploración sexual, eso es normal, pero sí usted está con ella, la etapa de calentura pasará y nada habrá sido malo.
  • Estoy celoso.
  • No necesita estar celoso, su esposa le ama, le busca, le desea; usted está celoso porque no se deja involucrar en sus fantasías y porque sabe que, sí otro le da apertura para vivir esta especial etapa la perdería.

Quin se levantó del sillón que lo había resistido por una hora, se quedó pensativo por unos minutos, caminando de un lado a otro con la mirada en el suelo, como si quisiera encontrar más respuestas en las líneas de la madera.

De repente cogió a la Doctora de los hombros y le dio un repentino beso en los labios seguido por un GRACIAS.

Y salió sonriendo mientras decía para sí mismo:

¿Cómo no pude caer en cuenta de eso? ¡Mariana me ama! – ¡Solo es una etapa!… Además el cuerpo me pide a gritos obscenidad, gozo, amor y Dios no se enfada si amo a mi esposa ¿Y he tenido que pagar para comprenderlo? Voy a tener sexo, voy a tener sexo, luego de 4 meses voy a hacer el amor con mi bella mujer. ¡Mariana no me lo vas a creer, pero hoy voy a hacerte ver estrellas!

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