Porno contra realidad

Perfecta coexistencia con las diferencias

Quien haya visto películas porno y haya tenido algún tipo de encuentro sexual, sabrá que el sexo real se diferencia por mucho del sexo representado en el porno; en este artículo lo explicaremos con más detalle para quienes desconocen el tema o para quien quiera profundizar en ello.

Una de las primeras diferencias que podemos notar a simple vista es el físico de los actores que por lo general en el caso de los hombres tienden a ser altos, delgados, con musculatura bien definida; en el caso de las chicas normalmente son delgadas y con medidas iguales o cercanas a las llamadas medidas perfectas 90, 60, 90. Otra característica notable es que en general tanto hombres como mujeres lucen pieles de porcelana, es decir totalmente depilados, y es que se someten a tratamientos depilatorios temporales y permanentes, dándoles una apariencia muy distinta a la que el común de la gente luce día a día, pues es más probable que el ser humano tenga vellos en su piel y que siempre pueda mantenerlos bajo control.

El Tamaño Sí Importa: entre 15 a 20 centímetros, en promedio se estima que es la medida del pene de un actor porno. En el sexo real normalmente los penes son más pequeños, de entre 12 a 17 centímetros; y no es que los actores sean de otro planeta, sino que para ser seleccionados deben cumplir con ciertos parámetros que aporten más erotismo a las escenas. En este caso sí… deben tener un gran pene.

Placer Como Por Arte De Magia: en la vida real como tiempo mínimo de excitación en el caso de las mujeres se requieren de unos 15 a 20 minutos de juego previo, en el mundo porno esto parece no ser necesario pues unos segundos después de haber empezado el film, como sí los actores tuvieran un interruptor de encendido es visiblemente notable la excitación en su máxima expresión. Y es que aunque fingir en el sexo puede no resultar demasiado emocionante, otro de los requisitos con los que debe cumplir un aspirante a porno actor es saber como hacer creer al espectador que realmente están sintiendo y disfrutando en todo lo que sucede, aunque no sea del todo cierto.

Sexo Sin Final: veinte, treinta minutos, una hora o más; es el tiempo que puede durar el sexo frente una cámara, escenas maratónicas que no dejan lugar a dudas respecto a la virilidad de esos hombres, cuando la verdad es que éstas son grabadas por parte, pues aún con el uso de retardantes y fármacos que no deben ser consumidos a la ligera y sin control médico, ni siquiera el mejor de los actores podría soportar horas y horas de acción ininterrumpida; mucho menos en el sexo común y corriente donde es mucho más probable que el hombre eyacule en cuestión de minutos, cuando máximo unos veinte.

Prácticas Osadas: las prácticas fuera de lo común invaden el mundo del porno, con la idea de llamar más la atención de los espectadores, relaciones lésbicas o tríos están presentes en la gran mayoría de vídeos o películas, representando como tales y dando por sentado la bisexualidad femenina, panorama muy lejano al de la vida cotidiana donde no muchas mujeres acceden a estar con otras, así como en su mayoría tampoco son simpatizantes del sexo anal, que de igual modo es posible verlo frecuentemente en el porno.

Si bien la eyaculación en la boca, rostro o alguna otra zona del cuerpo, no es en sí una práctica osada, no es lo que suele suceder en la mayoría de las relaciones sexuales, pues lamentablemente se nos ha educado para tener asco a los fluidos corporales, mientras que ésta es un elemento erótico-decorativo dentro de la pantalla.

También se pueden ver otras prácticas como el BDSM, medical y hasta violaciones simuladas, que sí bien para algunos pueden resultar excesivamente excitantes, dista mucho de lo que puede suceder dentro de una habitación sin preparación previa.

Para el final he querido dejar el elemento que a mi juicio más  diferencia al sexo real del sexo en el porno, y es que en las relaciones reales la penetración por sí sola no es suficiente estímulo para que las mujeres alcancen el orgasmo, mientras que en el porno pareciera que a los pocos minutos de ser penetrada ella ha tenido incontables orgasmos; en la vida real nosotras necesitamos de otros estímulos, ya sean manuales o con el uso de juguetes sexuales , para obtener el nivel de placer máximo.

Ver porno durante la intimidad pueden marcar una maravillosa diferencia.

Realmente el sexo porno y el sexo real son muy diferentes, desde que en el primero todo está acordado y según dicen los propios actores, no pasa de ser parte del trabajo. Hasta el hecho de que en ocasiones el sexo surge de improviso y hasta de improviso. No por ello resulta menos interesante el sexo actuado, ya que para poder hacerlo se necesita una gran confianza en sí mismo y él o los otros, dado que en un set de grabación muy poco o casi nada se deja a la improvisación. En definitiva el porno y sus inigualables escenas que parecen sacadas de esas fantasías que muchas veces no llegamos a cumplir juegan un papel importante en el sexo cotidiano, demostrando que aún con sus diferencias su pacífica coexistencia hace del sexo una experiencia perfecta.

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