Me encanta como duele

La estrecha relación entre el dolor y placer

Dolor y placer: sufrimiento y bienestar sensaciones opuestas, el dolor lo rechazamos y el placer lo buscamos.

¿Y qué sucede a nivel sensorial con esas personas que al dolor le encuentran placer?

De primer momento esto parece improbable, pero, en las dos sensaciones se producen endorfinas que son sustancias narcóticas, producidas por el hipotálamo y la glándula pituitaria durante el dolor. El enamoramiento, la excitación y el orgasmo generan la sensación de relajación y bienestar.

En el común de la gente es normal que, ante un estímulo doloroso moderado, se produzcan endorfinas que ayudan a minimizar la desagradable sensación hasta que el dolor desaparece. En cambio, para la persona masoquista la respuesta cerebral es diferente. Es también el caso de los deportistas que al haber llevado sus capacidades físicas al límite y sentir dolor en consecuencia; las endorfinas que lo contrarrestan les hacen sentir tal bienestar que buscarán una y otra vez repetir la experiencia.

La respuesta dolor-placer puede ser peligrosamente adictiva al punto de que algunos son capaces  de autolesionarse con el fin de obtener el compensatorio narcótico. Ahora bien, ya entrando en materia sexual, vemos al masoquista que realmente no disfruta de cualquier tipo de dolor, no elige pasarlo bien sintiendo cualquier estímulo desagradable. Para ellos el proceso de dolor y segregación de endorfinas que lo calma sucede simultáneamente. Por lo que el dolor y recompensa placentera se fusionan y se mezclan llegando al punto de que prácticamente no se diferencia.

“El dolor y el placer no siempre serán opuestos”

Según estudios en los cuales se sometieron grupos de personas a dolores moderados, se ha podido observar que algunos fueron más tolerantes en esos niveles, siendo otros no llegar a soportarlo, ellos se identificaban como masoquistas y mostraron un umbral del dolor que el del resto. Ésta, es una de las razones de la existencia de prácticas sexuales que incluyen estímulos dolorosos, no porque sus practicantes sean raros o enfermos, sino porque mediante un azote, el roce de una cuerda en la piel, el uso de pinzas en zonas sensibles del cuerpo produce dolor, es decir estímulos primeramente dolorosos, automáticamente se crea la relación y el bienestar en el cerebro.

El masoquista tiene una alteración en la modulación del procesamiento del dolor, que sí es manejada con precaución, sensatez y mesura una profunda y alucinante experiencia de placer.

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