Las parejas jóvenes se inician en el mundo liberal

Para el recuerdo está quedando el “sexo vainilla”. Hay mucho que explorar, descubrir, sentir pues la sexualidad es infinita.  Las parejas jóvenes de hoy coquetean sin pudor y con un frenesí desbocado en el erótico mundo liberal y sus diversas manifestaciones. Aunque en muchos países, la tendencia conservadora lucha por mantener sus preceptos, bien sea por convencionalismos sociales o religiosos, las artes amatorias en Europa y occidente ocupan un sitio de honor en el ser humano. Se quiere y se busca sentir más como si pareciera no tener límites la práctica de dar y recibir la energía más poderosa de la cual se tiene conocimiento, la sexual.

¿Por qué nuestros jóvenes quieren vivir tan apresuradamente su sexualidad? ¿Qué les despierta el morbo? ¿Esa atracción o curiosidad oculta por alguien o algo prohibido dentro de los cánones tradicionales? La época en la cual vivimos, sin lugar a dudas, es estimulante y adictiva a más no poder. En internet y redes sociales, se encuentran a la vista, a disposición de todos las prácticas más osadas, y un sinfín de tutoriales sobre cualquier tipo de inquietud sexual.

Los prejuicios o escrúpulos no forman parte de su diccionario sensorial. La libertad individual, el atrevimiento, el placer y los pactos previos son los denominadores comunes de las parejas jóvenes que deciden abiertamente sumergirse en el mundo liberal.

Los adolescentes aprenden a ser conscientes que la libertad sexual y la afectiva están entrelazadas y que ambas se aplican al comportamiento desinhibido y sobre todo, no condicionado a la moral dominante.

No tiene límites la práctica de dar y recibir la energía más poderosa de la cual se tiene conocimiento, la sexual.

Formas que cobra el liberalismo sexual en edad joven

Flexisexualidad: Es el paso previo a una relación abierta. Es una vertiente de la bisexualidad porque la exploración de su pene o vagina es lo esencial. De hecho, muchos jóvenes se inician con personas de su mismo sexo.

Parejas abiertas: Esta modalidad es conocida como amor libre. Muestra interés por todas aquellas prácticas sexuales que no están enmarcadas dentro de la norma previamente establecida -como orgías, intercambios y tríos, entre otras-  sin importar si un miembro de la pareja es hombre o mujer. Este ambiente liberal persigue el disfrute a su máxima expresión, de manera individual, en pareja o grupo.

Relaciones híbridas: En esta relación, un integrante tiene la libertad exclusiva de relacionarse con otros. Su pareja lo acepta porque no tiene mucho interés sexual, pero comprende y acepta las necesidades de su compañero.

Citas múltiples: Las redes sociales juegan un papel primordial. Los cibernautas mantienen contacto frecuente y sistemático con diversas personas de ambos sexos para distraerse y complacerse, con el fin último de elegir al candidato definitivo. Lo que en términos coloquiales se dice: “ Probar antes de comprar”.

Swinger: Los conocidos intercambios de pareja no son exclusivos de clubes o agrupaciones formales para tal fin. Este tipo de relación puede acordarse y definirse entre varias parejas, donde se deja por sentado los términos y condiciones, porque al fin y al cabo, la meta es el placer, así como el autodescubrimiento sexual.

Poliamor: Esta es una práctica que podemos catalogarla de romántica. Lo esencial no es tener sexo por divertirse, desahogarse y nada más, sino amar con todas sus letras. Existe la creencia que se puede amar a más de una persona. No obstante, a la par se presentan amores primarios y de menor jerarquía. Todo un tema a tratar con más profundidad.

Las reglas en el mundo liberal no impiden el placer

Gozar, deleitarse, disfrutar con cada una de estas prácticas implica necesariamente la renuncia total a cualquier tipo de complejo -llámese físico, psicológico, emocional, social y moral- por parte de todos los jóvenes que formen parte de ese juego. Ningún prejuicio tiene cabida, de lo contrario no habrá libertad ni placer verdadero.

Mención aparte, pero igual de importante, es el respeto. El acuerdo para complacerse entre sí, debe acatarse de principio a fin. De existir una limitación, dificultad o alguna conducta que no guste, deben ser aclaradas desde un principio; por ejemplo, si uno de los jóvenes desea mantenerse en el rol activo o pasivo durante el intercambio de placer, debe ser respetado.

Una relación liberal es un tipo de comunicación no convencional que rechaza las imposiciones sociales o morales. El objetivo es sentirse libre,  desinhibido, dándole rienda suelta a lo que su cuerpo quiere dar y recibir, y no permitiendo chantajes, ofensas o reproches durante y después de la práctica sexual acordada.

El espacio del otro se respeta, no se condiciona. Expresar claramente lo que se desea es lo ideal, a fin de que fluya la confianza y la honestidad y no se propicien los malentendidos de situaciones incómodas.

El objetivo es sentirse libre, desinhibido, dándole rienda suelta a lo que el cuerpo quiere dar y recibir.

El joven que se inicia en el mundo liberal debe conservar su identidad. Nos referimos a su individualidad plena. De convertirse o aceptar ser una extensión de su pareja, por ignorancia o sumisión, le mermaría su capacidad de disfrute sexual.

Las relaciones liberales no son fáciles de entender ni de aceptar; las críticas o señalamientos no se hacen esperar. Sin embargo,  esto no es impedimento para que las parejas jóvenes así lo acuerden, pues todo esto quedará entre sábanas. Sí es de vital importancia que los integrantes de este mundo liberal en torno a la sexualidad estén en igualdad emocional y psicológica para que el disfrute sea el equivalente a los fuegos artificiales, sin que ninguno de sus integrantes salga lesionado, sino liberado.

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