La homosexualidad masculina en el mundo del fútbol

Ser gay y ser futbolista; una pareja desagradable para muchos; muy atractiva para algunos, pero en soledad, en silencio, en el clóset.

Revisando un poco la historia del fútbol, los primeros códigos británicos de este deporte fueron de mucha violencia y escasas reglas. A tal punto, que uno de ellos, conocido como el fútbol de carnaval, fue prohibido en Inglaterra por el rey Eduardo III durante 500 años, por su desmedida violencia.

Sin embargo, poco a poco fue evolucionando a través de la unificación de distintos códigos. Uno de ellos, fue el de no tocar la pelota con las manos; hasta llegar al siglo XIX, en donde nace la mayoría de las reglas universales y definitivas que se conocen hasta la actualidad.

¿Por qué revisar esta breve reseña histórica?

Porque así como ha avanzado este deporte rey, es importante insistir en la aceptación y el respeto que merecen sus jugadores como seres humanos, independientemente de su orientación sexual. Este progreso será un verdadero indicador de que hemos trascendido a una sociedad más libre y más humana.

¿Ahora, este logro es sencillo? Al parecer, aún no.

Pese a que hoy en día, el fútbol tiene sus deportistas féminas, en donde también es imposible negar la existencia de una comunidad LGTB y, que sería oportuno abordar en un próximo artículo, este deporte sigue siendo visto como un juego de hombres, de masculinos, de machos.

Para nadie es un secreto que, pese a los importantes progresos que han tenido muchas organizaciones, como la LGTB, la homofobia en el fútbol representa un acto inadmisible, impensable, casi aberrante.

Las razones para que un futbolista decida no sincerar su verdadera sexualidad, pueden ser múltiples; la inversión de las grandes marcas comerciales, la negación de muchos clubes, la poderosa influencia de muchos jugadores de alto nivel o pensamientos de miedo como:

  • ¡Si me atrevo a declararme homosexual, estaré fuera de juego! ¡No! Todo el esfuerzo que he hecho por llegar aquí.
  • ¿Y mi carrera, mis fans? ¿Podré resistir los insultos y maltratos de mis compañeros, de carrera futbolística?
  • ¿Y mi familia? ¿Qué pensarían de mí?
  • Escuchar durante un partido: ¡Maricón, maricón! ¿Lo aguantaré?

Es importante destacar los casos de algunos jugadores que se han atrevido a salir del armario, como por ejemplo, Justin Fashanu, quien se atrevió en el año 1990 a revelar su condición sexual. Desde ese momento su vida se convirtió en un drama cruel e inhumano, debido a la discriminación constante de la que fue víctima, lo condujo al suicidio cuatro años más tarde: “Me he dado cuenta de que ya he sido condenado como culpable. No quiero ser más una vergüenza para mis amigos y familia, espero que el Jesús que amo me dé la bienvenida y finalmente encuentre mi paz”.

Este hecho y estas palabras representan un antecedente atroz para que un jugador pierda la valentía de declararse públicamente homosexual.

Por otro parte, tenemos a Robbie Rogers, quien en el año 2013 salió del armario y después de esta revelación, el equipo estadounidense MLS lo integró a su equipo, dando un paso importante en este acto de coraje.

Liam Davis, asumió en el año 2014 su homosexualidad como una revelación y no como un riesgo. El jugador Thomas Hitzlsperger, en el mismo año, pero luego de haberse retirado de su profesión deportiva, hizo lo mismo.

Otra persona audaz en este tema, fue el árbitro Ryan Atkin, quien manifestó que: Ser gay no tiene ninguna importancia a la hora de arbitrar un partido de fútbol… Pero si estoy hablando de igualdad y diversidad, entonces tengo que decir que soy gay porque es relevante”.

Éstos, entre otros casos, reflejan que el número de futbolistas declarados francamente homosexuales es muy reducido.

No obstante, es innegable algunos avances, como la Declaración del Día Internacional contra la LGTBfobia en el deporte, el 19 de febrero, fecha de nacimiento de Fashanu, comentado en líneas anteriores.

Así mismo, la película “El gol de Álex”, escrita y dirigida por Antonio Hernández Centeno, en donde se vislumbra los sentimientos, pensamientos, emociones y sensaciones que un deportista padece ante el hecho de asumir abiertamente su condición sexual, distinta a la convencional. Del mismo modo, este artículo pretende crear conciencia sobre la importancia de reconocer y aceptar que ser un jugador homosexual no significa ser menos hombre, ni menos deportista.

Sigo apostando a que las creencias limitantes y discriminatorias sexuales en el deporte, mermarán cada día más, en pro de una sociedad más libre y más digna, porque en la medida en que podamos respetar con igualdad las opciones sexuales diferentes a la heterosexual, sin prejuicios, sin etiquetas, podremos lograr una auténtica emancipación de la homosexualidad en todos los ámbitos.

Sobre todo, si tomamos en cuenta la fuerte preponderancia del fútbol en la sociedad; y si a eso le sumamos el apoyo de instituciones como la FIFA u otras, sería clave para ir a la vanguardia del reconocimiento y del respeto hacia los jugadores con orientaciones sexuales distintas a la establecida.

¡Vamos futbolistas, asumid y defended vuestra homosexualidad!

Esta aceptación propia, no representa el acabose de su carrera; todo lo contrario, es un tránsito hacia su libertad y bienestar sexual.

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