Infidelidades que se perdonan

Tengo novio desde hace tres meses y dos días, tengo o tenía, ya no lo sé porque estoy ahora mismo para terminar con él.

¿Por qué? ¡Porque estoy a rabiar de celos!

Él cree que no me he dado cuenta, pero cuando estábamos en la vídeo-llamada he podido ver un bulto bajo el ropaje de su cama, le he preguntado qué era eso, pero evadió mi pregunta, me quedé fría ante su descaro de negarme algo tan evidente como estar ocultando una mujer bajo sus sábanas mientras hablaba conmigo y que no me fuera decir otra cosa porque he podido ver unos cabellos rubios, algo desordenados, sobre la almohada. Lo que ocurre es que el infiel jamás aceptará su delito, aunque lo encuentres desnudo tirado sobre la cama con una mujer a su lado o encima de él, siempre negará el reclamo diciendo que se ha tropezado y que ella le está ayudando a levantarse.

¡Par de idiotas! ¿Me toman por tonta? ¡Pues no! Ahora mismo voy al departamento de Antonio para desenmascararlo. ¿Cómo se le ocurre? ¡Venir a engañarme a mí! No me como el cuento de que el bulto aquel no era nada, era una mujer, lo puedo asegurar. Ya casi estoy llegando, el tren tarda unos 40 minutos aproximadamente y despues cojo un taxi aunque me salga demasiado costoso, no me importa, voy a poner fin a esta maldita infidelidad, solo espero poder cogerlos in fraganti.

Estoy a 100 metros de su departamento y observo los coches, entre los pocos que están estacionados, observo el de Antonio, el muy imbécil sigue en el departamento, no se imagina que en medio minuto estaré allí. Para su desgracia me dio las llaves de la puerta y podré entrar sin avisarle. Cada vez que me voy acercando siento los nervios como el revoloteo de las mariposas, ahora mismo estoy en una tesitura de no saber si llorar de impotencia ó decepción…

¡Cuánto deseaba que esta relación durara para siempre!

Controlo el nudo en la garganta, controlo el paso y sigilosamente abro la puerta, entro muy callada y comienza mi recorrido… Al asomarme a la cocina encuentro a Antonio preparando algo para comer, está descalzo y solo lleva calzoncillos. Está con unos auriculares en los oídos y se mueve conforme a la música que escucha. El muy desgraciado está preparando comida para esa perra y su aparente felicidad me destroza, de pronto me mira, noto en sus ojos que se alegra de verme, pero los gestos le cambian inmediatamente, ya lo sé… y es que no le gusta que llegue al departamento sin avisarle, me lo ha dicho algunas veces, pero tenía que hacerlo sino de que forma le podría pillar en su engaño.

  • Miranda, sabes muy bien que me encanta verte, pero ¿No crees que debías llamarme antes de venir?
  •  Antonio, sé que tienes alguien en tu cama y…
  • Estaba diciéndole, pero me interrumpió:
  • Ah, ya comprendo, estás dudando de mi buen comportamiento, Miranda ¿Estás celosa?
  • Sí. – Le respondí sin titubear ni decorar el monosílabo con inútiles tonos de arrepentimiento o culpa.

Antonio se llevó las manos a la cara, el teléfono se le cayó al suelo sin que aquello le importara y como si invocara al dios para que lo salve de su desfachatez, exclamó:

  • ¡Por dios, por dios, por dios!

Impacienté por el drama le grité:

  • ¿Por dios, qué?
  • Por dios que me has pillado – Respondió mirándome con seriedad.

“Lo sabía” pensé y antes de ponerme a llorar o lanzarle el jarrón de agua que estaba en la mesa de la cocina, Antonio me cogió de la mano bruscamente y me jaló. Fue tan violento que creía que me escondía para que su amante no me encontrara o que me invitaba a la puerta para que me fuera y así no saber nunca más de mí, pero, me llevó a su habitación…

“¡Descarado éste! ¡Me lleva a su habitación para presentarme a su amante!… ¡A mí qué mierda me importa la perra con la que está acostándose! ¡Cabrón!”

  • Pensé en voz alta y me doy media vuelta para marcharme, pero, él me contiene contra la pared y su cuerpo besándome para callar cualquier otro pensamiento dicho en voz alta, mientras me besaba el cuello yo miraba su cama, el bulto seguía ahí, el mechón de cabello rubio seguía asomando de entre el ropaje y sobre la almohada…

¿Cómo diablos hace esa mujer para estar tan quieta? A no ser que esté muerta…

  • ¡Muerta! – Exclamé horrorizada – ¡Antonio tienes una muerta en tu cama!

Antonio decidió ignorar todos mis comentarios, se había dedicado a desnudarme, un poco en contra de mi voluntad porque no sabía lo que estaba ocurriendo, no podía dejar de mirar la silueta de quien estaba bajo el ropaje de su cama.  Cuando me escabullí de sus brazos me incliné a la cama con la intención de abrir el misterio, pero Antonio aprovechó la posición para hacer caer mi falda al suelo y apartando mis braguitas me penetró…

Una de las mejores cosas de Antonio es la deliciosa polla que tiene, es imposible ignorarla cuando arremete con tanta pasión, así que por un momento me he olvidado del personaje que se escondía bajo su cama, sintiendo el porte de aquel hombre que me hacía vibrar como ninguno, le recibía entre mis labios mojados que pedían a gritos más y más…  El sentimiento de que me estaba engañando me incomodaba, pero más entretenida me tenía el hecho de que la perra estaba escondida a unos centímetros de mis manos, con las cuales la mataría si no se trataba de una muerta.

Antonio presionó mi espalda hacia el colchón, logrando que al fin mis manos tocaran el cuerpo desconocido de la rubia…

No comprendía lo que sentía, Antonio estaba divirtiéndose con mi sexo a su antojo, mientras yo reconocía unas tetas riquísimas de una mujer de piel fría, las apretaba, jugaba con sus pezones, se movían con tanta facilidad que decidí aproximarme a su pecho para olfatearla…. Un perfume artificial me inundó la nariz, mis labios rozaron su superficie perfecta. Antonio me soltó por un momento para dejarme incursionar en su aventura que ahora también era mía.

Deslicé mis manos hacia la cintura, sus medidas eran perfectas las de una diosa, su pubis fue invitándome a seguir a su ansiado sexo, dónde el monte de venus me dio la bienvenida.  No lo podía creer ¿Habría alguien más sumisa que esta rubia para dejarse tocar toda?

Mis dedos buscaron su vagina, encontrando sus labios y un hueco rosado listo para recibir a quien quisiere que deseara follársela, metí mis dedos y he podido apreciar que se siente tan igual cómo cuando yo meto mis deditos dentro de mi sexo, me arrodillé a un lado de aquella dama frígida, miré a Antonio quien no hacía más que observar cada una de mis reacciones y de un tirón quito el ropaje poniendo en descubierto a la perra con la que creía que Antonio me engañaba… ¡Era una muñeca!

Se me quitaron los celos, el deseo de matar a alguien, la ira, las dudas y un morbo inexplicable se instaló en mi cabeza, la muñeca era hermosísima, su material muy suave al tacto.  Sus ojos azules de largas pestañas no dejaban de mirar un punto fijo, como si le importara 3 rábanos lo que hiciéramos con ella, pongo sus piernas en mis hombros y paso la lengua por su sexo, tan bien reproducido que me hacía la idea  que era real. Antonio embebido con lo que miraba se nos acercó para jugar con nosotras…

La rubia tenía las piernas abiertas bajo de mí, mis tetas chocaban con las suyas, mi nariz se perdía en los olores de su cuello y Antonio nos penetraba a las 2. Sentir la polla de Antonio en mi vagina y después sentir que embestía a la rubia simplemente fue de otro mundo, no tardé ni 2 minutos para comenzar a eyacular por mí y por la rubia.

Y así tuvimos una tarde de placeres nuevos, que curaron mis celos, pues hay infidelidades que si se pueden perdonar.

Para estar informado cada día, síguenos !!

Twitter: @universosensualInstagram: @universosensual

Twitter: @SexDolls_ModelsInstagram: @sexdolls_models

Comparte nuestros contenidos !!

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.