El cornudo de mi esposo

Mishell tiene 39 años y una deliciosa cita clandestina; su esposo no debe saberlo, pero se propone a ser infiel… ¡Sí! – ¡Será infiel! Y es que está cansada de tanta rutina, los niños, las deudas, el sexo con su marido… necesita un momento de relax, un momento con su Jefe… quien le viene lanzando indirectas desde hace unos 5 meses hasta ayer, ella, por supuesto dándole largas al asunto, haciéndose el quite, evitando coger a ese toro por los cuernos porque siente, siente que saldrá perdiendo…. Y es que le gusta tanto…

  • Mi amor ¿Vas a salir con Vanessa? – Le pregunta su esposo, mientras no deja de mirar el televisor.
  • Sí Jaime, voy con Vane a tomar un café y quizás salgamos a bailar, aún no lo sé.
  • Bueno querida, me llamas para irte a recoger. – Le dice Jaime, siempre tan atento con su mujer.
  • ¡No amor! tranquilo, Vane seguro que me deja en casa, tú duerme con los niños.

Es usual que Jaime vaya a recoger a Mishell donde quiera que ella esté, de modo que le pareció extraño que esta vez le dijera que se quede con los niños, aunque su madre se encarga de ellos.

Levantó sus cejas por no comprender bien su respuesta pero no dijo nada, mientras Mishell, se había tomado una ducha y retiró la toalla para resbalar sobre su piel una crema.

En vista de que tampoco era costumbre que ella usara esa exclusiva crema, Jaime aumentó su expectativa, pues sabe que la usa solamente cuando los dos se escapan de los niños para refundirse en un motel, que por cierto no lo han hecho desde hace mucho tiempo Apagó la televisión, se apoyó en el cabecero de la cama y la miró. Mishell se puso nerviosa, pero sin poder mirarlo, como pretendiendo que no ocurre nada, le preguntó:

  • ¿Te aburrió el futbol, amor?
  • – Le responde suavemente.
  • ¿Entonces ya tienes sueño?
  • – Vuelve a decir con serenidad.

La conciencia casi la traiciona, sí se pudiera observar el miedo mediante un color, estaría toda de café oscuro, sí el temor fuera de color café oscuro.  Lo miró por unos instantes y notó que sus ojos tenían una inclinación distinta, no sabría definir lo que sentía Jaime, pero por lo que conoce a su marido sabía que tenía alguna excitación interior, hasta el punto que creía que le haría el amor después de terminar untándose la crema, pero no sucedió.

  • ¿Y entonces? – Preguntó Mishell
  • Nada cariño, sólo déjame mirarte, eres tan hermosa…

¡Ayyyyy Mishell! Mishell ¡Qué perra eres! – Pensó para sí misma, sintiendo compasión por aquel hombre que se encantaba mirándola porque le parece hermosa, sin saber que su esposa estará entregándose al sexo de otro hombre más tarde… ¡Mishell! – ¡Eres una perra, una perra, una perra! – ¡Pobre de Jaime! – ¡Pobre de tu marido!

Bueno, bueno, bueno conciencia, te me vas tranquilizando porque por más perra que me quieras y hacer sentir, no voy a cambiar de opinión.  – Mishell se centró mentalmente, pues nada impediría el encuentro con su Jefe.

Jaime, siguió cada uno de sus pasos, por lo cual ella se apresuró, se puso su traje y los zapatos, se maquilló, perfumó las áreas importantes de su cuerpo, se cepilló el cabello, guardó las llaves en su cartera, le dio un beso a sus hijos y un piquito a su marido y se despidió.

  • ¡Nos vemos más tarde cariño! – Le gritó desde la puerta y desapareció, mientras seguía escuchando esa vocecita interior que le murmuraba sin parar… Perra, perra, perra, perra….

Jaime encendió de nuevo el televisor, le salió una leve sonrisa al recordar la desfachatez de su esposa, vestirse y alistarse como que nada pasa, movió la cabeza de lado a lado pensando en voz alta:  Mishell, vida mía, como si no te conociera, como si no supiera que estás yendo a revolcarte con otro hombre…

Es que Jaime no era tonto, él se dio cuenta desde el primer día que el Ing. Vizcaíno llegó a la agencia donde trabaja Mishell, no es que le haya puesto un chip rastreador a su esposa ni que haya instalado cámaras en su oficina, ha sido simplemente que ella no supo disimular y no paró de hablar en una semana acerca del Ing. Vizcaíno, su nuevo Jefe.  Fue cuando sintió por primera vez que el corazón se desperezaba de un largo estado de armonía, para inquietarse respecto a tal novedad.

No tenía muy claro lo que sentía, pero de algo si estaba seguro, por más hombres que sedujeran su mujer, ella nunca lo dejaría de amar ni él a ella. Incluso esta misma noche, cuando ya eran las 12 y sabía a ciencia cierta que Mishell estaría teniendo sexo con el Ing. Vizcaíno, sabía que su esposa le estaba siendo infiel por primera vez en toda su historia de matrimonio, pero por alguna extraña razón aquella idea no le incomodaba.

¿Será que no ama a su esposa, que permite que ella tenga su desliz por fuera? – ¿Será que no le importa que se acabe el matrimonio? O ¿Será que… le excita saber que su mujer es deseada por otro hombre? – ¿Será que se había aburrido de la esposa perfecta y fiel que ahora se inicia a disfrutar de la perra? De esa perra, que este preciso instante se está entregando al sexo de otro hombre…

Movió la cabeza al darse cuenta de que sus pensamientos insultaban a su mujer, aunque ello le producía una excitación diferente, no lo comprendía, solo sentía que la amaba mucho más y al confesarse en su sentimiento eterno de amor por ella dejó escapar un par de lágrimas.

Pero Mishell, disfrutaba de su pecado con todo y ese sabor de culpa, recordando a ratos los ojos de su marido y perdiendo los suyos bajo los sudores de ese varón que le explotaba el sexo con tanta eficiencia; hacía tanto que no se sentía tan atraída por alguien, hacía tanto que no había inhalado las feromonas de un macho alfa como el Ing. Vizcaíno; un tipo elegante de buen cuerpo, de buen proceder, de buen tamaño, se oscilaba sobre las caderas de una mujer ajena sin pensar en las consecuencias, únicamente obedeciendo los instintos naturales que yacen en su genética desde hace millones de años, en su necesidad subconsciente de eyacular en la mujer que le ha elegido como pareja sexual y a quien le dejará un depósito de fluidos y aromas que no será fácil de olvidar.

Mishell observó a su Jefe, era un hombre hermoso, que al dedicar dos horas diarias de ejercicio podía exhibir su musculatura con mucho orgullo, además su desempeño de cama no pudo haber sido más espectacular; parecía el hombre perfecto, por quien ella moriría de no ser que él es casado y ella ya tiene su corazón ocupado con Jaime.  ¡Ohhh!… hay deslices y hay deslices… y gracias a su suerte de principiante, éste es uno de los mejores que podría experimentar en su vida… pero… pero son las 3 de la mañana ¡Oh por Dios! – ¡Las 3 de la mañana! – ¡Qué forma de volar el tiempo!

Salta de la cama para vestirse mientras su Adonis pide la cuenta, suena el teléfono:  Rinnnn…  Rinnnnn… Rinnnnnn…  ¡Ohhh no, es Jaime, Dios, qué hago, le contesto, no le contesto

  • ¿Dígame? – Finalmente Mishell decide contestar
  • Amor ¿No crees que es hora de que ya estés en casa? – Su marido le reprocha sutilmente.

Mishell traga saliva, respira hondo y responde:

  • Si JaimeEstoy por llegar, no te preocupes…

Efectivamente, el ing. Vizcaíno la había subido en un taxi y en 15 minutos Mishell estaba entrando a su casa, con los nervios de punta, temblando, no sabe sí por el placer que le dio su Jefe o por el terrible momento de recostarse “usada” a lado de su marido. Sube las escaleras y observa a sus pequeños dormir como angelitos, pensó encontrar a Jaime junto a ellos, pero él estaba esperándola en su cama.

No se escuchaba el ruido del televisor, solamente una leve luz de lámpara alumbraba el cuerpo desnudo de Jaime, lo que sorprendió a Mishell.

  • ¡Hola mi amor¡ – ¿Qué haces desnudo?
  • Esperándote mi amor

¡Ohhh noooo… ¡ Mishell venía tan cargada de gozo que no querría sexo con su marido esa noche, pero eso no era su decisión por ahora sino de Jaime.

  • Y dime Mishell ¿Cómo te ha ido con el Ing. Vizcaíno? – Jaime no deseaba aplicar psicología, sino ir directo al grano, el tema le tenía tan intrigado que no tenía deseos de ir por la tangente.

Pobre Mishell, se sentó al filo de la cama porque sus piernas flaquearon ante la pregunta de su marido… Estaba perdida… Jaime lo sabía… Pero por algún lado escuchó que las infidelidades se niegan aunque te encuentren en la misma cama, que hay que negarlo hasta el final, por eso respondió:

  • ¿Qué estás loco Jaime? – ¡Me estás faltando al respeto!
  • Mishell, no juegues, yo sé lo que está pasando. – Insistió Jaime con su acusación
  • Pues llama a Vanessa y pregúntale…. ¡Vamos!- ¿Qué esperas?- ¡Llama a Vanessa y pregúntale lo que hicimos esta noche! – Mishell se apropió de su papel de víctima.
  • Mishell ¿No comprendes que no necesito llamar a nadie para preguntar algo que yo ya sé?

No hay remedio, Mishell estaba perdida, la descubrió su marido, no hay vuelta de hoja, no sabe cómo diablos pero Jaime lo sabe; de modo que hizo su último intento por salvar su palabra:

  • Bien, si me crees una perra, no duermas más en mi cama.. – Le dijo tímidamente, con actitud de ofendida dignidad.

Las palabras de su esposa le sonaron como afrodisíaco… una perra… Y sin contener su deseo se abalanzó sobre ella, empujándola toscamente sobre la cama. Mishell se asustó y solo esperó el desenlace de los celos de su marido. Le miró a los ojos y en la penumbra de la habitación entendió que Jaime estaba experimentándose en algo distinto, que aún no sabía que era.

  • Sí, eso quiero, una perra, una maldita perra que viene de estar con otro hombre, eso quiero ¿Entiendes? – Le dijo Jaime, mientras apretaba los glúteos de Mishell hasta un punto que casi dolía.

Pero Mishell no comprendía, más bien, enfadada por la violencia verbal de su marido respondió en la misma manera:

  • Pues sí, ¿Quieres saber? Entonces te lo contaré, soy una maldita perra que se comió al Jefe… ¿Contento? – ¡Ya te lo confesé! – ¿Estás feliz?

Jaime sonrió, le besó la boca y le contestó:

  • Sí mi amor, estoy feliz…
  • ¿Qué? – Mishell no lo podía creer ¿Qué está pasando con su marido? – ¿Se enloqueció?

Jaime procedió a desvestirla con absoluta dulzura, le desnudó el pecho…

-Cuéntame Mishell… ¿El Ing. Vizcaíno te chupó las tetas?

Era demasiado para Mishell ¿Cómo podía dar respuesta a esa pregunta? – ¿No es falta de respeto para Jaime? – ¿Cómo pretende su marido que ella le cuente del sexo que acababa de tener con el Ing. Vizcaíno? – ¿No debería, más bien, pedir perdón por la traición? ¡Estaba dispuesta a pedir perdón!

Jaime, al ver que no respondía su infiel esposa, le dijo más severamente:

  • ¡Mishell! Tu Jefe te mamó las tetas o ¿Es un marica como yo que no te satisface?
  • Jaime ¡Por Dios! – ¡Escúchate! – ¿Qué estás diciendo?
  • Solo contéstame – Le pidió Jaime
  • ¡No puedo mi amor! Por favor perdóname, yo te amo, te juro que no volverá a pasar, pero por favor no te humilles ante nadie- Le dijo Mishell mientras lo abrazaba al cuello para llorar.

Jaime no obtuvo la respuesta que deseaba, pero en busca de que su perra se comporte como tal, terminó de desnudarla de la cintura para abajo, retirándole sus braguitas que del apuro Mishell se había puesto al revés, pero no le dijo nada, solo sonrió por su inexperta esposa infiel. Le abrió las piernas y hundió su lengua con la voraz curiosidad de saber sí allí encontraría el sabor de ese hombre, respirando la mujer que amaba, aún  más porque olía a las feromonas de un tipo poderoso…quizás más poderoso que él…

De repente sintió curiosidad por verificar que ciertamente Mishell había sido poseída por ese semental, descubriendo un sentimiento de humillación que le placía sentir por el respeto que le provocaba su competidor de semen.

Luego de la degustación que confirmó la traición, volvió a acercarse al rostro de su esposa para decirle:

  • Te dejó su semen dentro, perra, sabes a él, hueles a él, exudas a él…

Mishell, apretó los ojos en arrepentimiento por su engaño.

  • Dime Mishell ¿Qué tal se comportó su pene contigo? O ¿Es un marica como yo que no supo penetrarte como hombre?

Mishell abrió los ojos, no se volvió a estremecer por los comentarios fuertes de Jaime, sino que intentó saber que era exactamente lo que deseaba su marido en ese momento. Y probó con otro tipo de respuesta con algo de temor por no desear herir a su amado esposo:

  • Si me ha satisfecho porque no es un marica como tú…

Jaime la miró con admiración, Mishell creyó que sus palabras le lastimarían profundamente; pero al contrario de eso, notó que los gestos de su marido se transformaban en deseos desbocados por poseerla y decidió continuar el juego de Jaime:

  • Sí, el Ing. Vizcaíno me chupó las tetas, tan fuertemente que casi me las arranca… absorbiéndomelas como un loco, atrayéndome un orgasmo que me venía desde las entrañas…
  • ¿Mejor que yo? – Preguntó Jaime, mientras chupaba los hermosos pezones de su mujer traicionera
  • ¡Tú no eres nada! Deberías respetar ese maldito hombre, porque se comió a tu mujer… – Le dijo Mishell, ya más involucrada en la fantasía de su marido.

Jaime vibraba de emoción, de sentimientos cruzados, de dolor y alegría, de ese extraño placer que surge de la humillación. Él y su mujer estaban experimentando una de las fantasías más difíciles que existen… la fantasía de un Cornudo a través de su idolatrada Perra.

  • Dime más Perra, dime ¿Qué más te hace ese hombre que no te hago yo?
  • Sabe penetrar, porque su pene tiene más tamaño que el tuyo… puso mis piernas a cada lado de sus hombros, jalaba de mis muslos con esos brazos fuertes y me golpeaba con cada arremetimiento, con cada embestida, haciéndome gritar de placer…

Jaime estaba enloquecido, iba haciéndole a Mishell todo lo que ella le contaba que el Ing. Vizcaíno le había hecho; sintió ser poseído también por ese hombre, cuando su piel se mezclaba con la leche depositada en la vagina de su esposa… ¡Qué placer tan extraño!

Generalmente los hombres que se sienten desplazados protestan, odian, castigan y hasta matan… Pero la virilidad de Jaime se había incentivado tanto de solo imaginar que su Perra se hacía de un hombre superior, que se excitaba como jamás lo había hecho; siguiendo las huellas masculinas de su Competidor de semen se alzaba más y más en su vuelo a través de lo que le contaba su esposa, su infiel mujer, su Perra…

  • No sabes cabalgarme Jaime, deberías verlo cómo me lo hace, para que aprendas a tratar una Perra como yo…
  • ¿Cómo lo hace? Cuéntame… cuéntame…
  • Me puso boca abajo, empujó mis pies con sus rodillas obligándome a embestir mi trasero y me penetró, moviéndose como una maldita fiera, desesperándome cada vez más porque yo estaba por venirme…. Él no pararía hasta hacerme venir…. No como tú, flojo, que te excitas tanto con mi trasero que solo de verlo ya terminas…

Casi era cierto, Jaime estaba por venirse también, pero parte de la humillación es no rebasar el mérito del hombre superior, porque ese es el punto, sino no habría humillado, no habría perra, no habría fantasía ni placer…

Mishell continuó:

  • Me jaló del cabello, como un jinete que doma una potra, su mano izquierda presionaba el final de mi columna vertebral, la derecha se enrojeció por tanto castigarme con palmadas y finalmente…. Llego…. Llego… Llego: ¡Mierda!…. Estoy llegando…  ¡Ahhhhhhhhhh…….!

Mishell alcanzó el quinto orgasmo de esa noche y madrugada, los 4 primeros gracias a su amante y el quinto a su marido. Jaime, embrutecido de estimulación psicológica, se dejó ir dentro de su esposa; tan aberrantemente entrado en su fantasía que su semen entró en el interior de Mishell; abundante y generosa la leche se derramaba en el sexo femenino de la perra de su fantasía.

La pareja de esposos nunca habían experimentado el placer en esas dimensiones, no necesitarán divorciarse por el desliz de Mishell, sino solo coordinar algunos detalles para continuar complaciéndose en este nuevo tema de fantasía erótica, mediante las infidelidades consentidas.

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