Deseo hacerte sufrir un poco más

Mis tacones repiquetean sobre el suelo de mármol negro, es un sonido relajante, en mi mano llevo la tarjeta negra que me da acceso a este laberinto de pasión y depravación consentida. No quiero darme prisa y no me doy prisa sé exactamente y quien me espera al final del pasillo y no deseo apresurarme, la anticipación es algo grandioso cuando la incluyes en los preliminares.

Llego a mi destino, esa puerta negra con un símbolo chino rojo que significa coraje, a primera vista es una puerta casi anodina, no dice nada. Nadie se puede imaginar que me espera al otro lado, y lo más importante nadie que me conozca reconocería en quien me convierto cuando traspaso ese umbral, ese símbolo “Coraje” fue el final y un principio en si mismo.

Paso la tarjeta negra por el lector y entro en la habitación, estás sentado en el sofá. Como las últimas veces la sala está en penumbra solo la ilumina una lámpara de pie colocada detrás de ti para que no vea desde aquí tus rasgos y tu expresión, te gusta jugar con las sombras.

Me acerco y me hago sitio entre tus piernas; poco a poco me arrodillo, haciéndote ver claramente cuáles son mis intenciones para nuestra interacción de hoy, hoy soy yo quien marca las reglas.

Juego con la hebilla de tu cinturón mientras observo como el objeto de mi deseo aumenta de tamaño. Acerco mi boca y te mordisqueo la polla por encima del jean al tiempo que lo abro poco a poco. En la habitación sólo se oye el ruido pesado de nuestras respiraciones y el sonido inconfundible de una cremallera al bajarse. Como siempre, me sorprendo porque no llevas ropa interior y tu virilidad salta directamente hacia mi boca. Aún no he levantado la vista y no te he mirado a los ojos, si lo hago y veo la lujuria en tu mirada me perderé y hoy no es mi intención cambiar los planes de la velada. Me relamo sólo de pensar en cómo se endurecerá en mi boca, en cómo sus lágrimas saladas sabrán en mi lengua… Me basta con imaginar tu sabor para volverme mantequilla.

Sin esperar más la meto en mi boca toda de una vez y la saco con lentitud mientras te miro a los ojos, ahora sí. Quiero que veas cuánto me gusta darte placer, lo mucho que me encanta saber lo que te provoca mi boca… Cuando estás casi fuera, aferro el glande con los labios y lo succiono fuertemente al tiempo que la punta de mi lengua juega con ese punto que te vuelve loco. Justo en esa parte, debajo de tu prepucio…

Mis manos, que tienen mente propia, se han deshecho de tu camiseta, y mis uñas han encontrado su propio camino en tus pectorales mientras devoro tu polla. Cada vez está más dura y gotas que me saben a ambrosía se escapan de ella. Tu respiración se torna dificultosa, pero no quiero que te corras. No todavía. Deseo hacerte sufrir un poco más, así que muerdo suavemente tus bolas y las lamo hasta que tus jadeos se convierten en música para mis oídos. Es en ese instante cuando más disfruto. Me encanta lamerte y morderte, controlar tu respiración para saber el momento exacto en que tengo que introducir tu polla hasta el fondo de mi garganta. Me gusta tragar y acariciarte con los músculos de mi garganta mientras ronroneo de placer…

Juego contigo a la vez que mis manos descienden poco a poco por tus costados, marcando tu piel, alternando suaves caricias con intensos arañazos que hacen que tu miembro se estremezca en mi boca. Sé que el momento ha llegado cuando tus manos, que hasta ahora descansaban en el sofá, se enredan en mi melena para dejarme claro que ha llegado el momento de dejar de jugar y pasar al siguiente nivel.

Apoyas la cabeza en el respaldo del sofá al tiempo que tironeas de mi pelo cuando sigo jugando con mi boca sin darte lo que quiero. Me excita y lo sabes.

Succiono con fuerza sin parar de observarte a través de mis pestañas. El momento se acerca. Lo noto en mi lengua. Por eso chupo cada vez más y más fuerte, porque no querré perderme ni una gota cuando explotes. Y falta poco… tan poco…Mordisqueo para hacerte perder el control definitivamente mientras mis manos vagan por tus muslos y juego con tus bolas. Y como sé que te gusta un poco de dolor, las retuerzo suavemente, haciendo que pierdas el control.

Sin duda mi objetivo está cerca porque has empezado a gruñir con ese sonido tan tuyo que reverbera en tu pecho. El mismo que me dice lo que quiero saber; que no puedes más, que estás a punto de darme mi premio. Así que hago lo que sé que te llevará al borde y aprieto con fuerza tus bolas mientras ronroneo. Es entonces cuando, con un gemido gutural se abre paso desde las profundidades de tu garganta, me llenas la boca. Hay tanto que no doy abasto para tragar, por lo que un pequeño hilillo se escapa por la comisura.

Finalmente alzo la cabeza y me dedicas esa media sonrisa pícara que me vuelve loca.

  •  ¿Ahora mejor?
  • Sí, mucho mejor

Besos Sexys

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